Sylvia sigue viva

por Sharon Riley Rexach

 

Sylvia Rexach sigue viva en la memoria de un pueblo que no la olvida. Nació el 22 de enero del año 1922 y nos privó de su presencia física el 20 de octubre del año 1961. Estuvo entre nosotros treinta y nueve cortos años, pero esas casi cuatro décadas le bastaron para dejar una huella musical imborrable. Quiso hacer tanto en tan poco tiempo. Compuso más de cincuenta canciones, escribió libretos para la radio y comedias para la televisión. Creó jingles con fines publicitarios, de esos que conseguían que la marca fuera recordada fácilmente. Formó un combo exclusivamente de mujeres músicos, con el que recorrió la Isla entera. Luego fundó un cuarteto —que terminó siendo un trío llamado Las Damiselas— con el que tuvo gran éxito en Puerto Rico y en la ciudad de Nueva York. Se enlistó como soldado en el Women’s Army Corps (WAC) durante la Segunda Guerra Mundial. Colaboró con el periódico El Diario de Puerto Rico con una columna titulada “A Sotto Voce” (“en voz baja” en español); irónicamente creo que sabía que en la palabra escrita es el silencio el que grita. Fue fundadora de la Sociedad Puertorriqueña de Autores, Compositores y Editores de Música (SPACEM). Simpatizante, además, del Partido Independentista Puertorriqueño y entrañable amiga de Don Gilberto Concepción de Gracia.

Tuvo tres hijos: William Dennis, Sharon Kathleen y Sylvia Eileen. Fue solidaria, leal y sincera tanto con amigos como con conocidos. Fue paño de lágrimas de todos; sus afectos y su hogar, el refugio de muchos. Cuidada, protegida y apoyada por sus amistades, se relacionaba con todos: desde el deambulante que vivía debajo de la escalera de su casa hasta los más célebres artistas y políticos.

A veces pienso que mi madre le dejó a cada uno de sus hijos un consejo a través de los títulos de sus canciones: “Di, Corazón”, si más de una vez “Tus Pasos” se irán por otro camino como “Nave sin Rumbo”, buscando un “Matiz de Amor” o buscando tu “Dios de Oro”. Pregúntale a “Nuestra Luna”, que ella como “La Vida Dirá”. “Y Entonces”, si al “Anochecer” sientes que en “Mis Sueños” se mecen “Olas y Arenas” bajo la “Luna del Condado”, recuerda que, como tú, “Yo era una Flor”. Busca “Alma Adentro” y saca entre tus labios una sonrisa porque mi regalo “Por Siempre” al “Inolvidable Tú” será “Mi Versión” de la vida y el amor.

El día de su velatorio llegó a la funeraria la primera corona de flores. Era hermosa; estaba llena de orquídeas blancas abrazadas a una bandera de Puerto Rico. Fue enviada por quien fuera su maestra de español en la Central High, Doña Inés Mendoza de Muñoz, la que le inculcó su gran amor por la patria y sus sueños de libertad.

 
 

Cortesía de Sharon Riley

Hoy, a cien años de su nacimiento, Sylvia sigue viva en los nuevos artistas que, aunque nunca la conocieron, la cantan, la aman y la mantienen vigente, vital para futuras generaciones. Es inexplicable. Está lleno de magia, pero es muy real: Ella es un fenómeno musical. En esta ocasión, la celebraremos todo el año con la participación de cantantes, artistas gráficos, productores, cineastas y escritores. Cada uno de ellos, en sus respectivas disciplinas, han preparado espectáculos, tributos y propuestas artísticas para celebrar el año de Sylvia Rexach. Hay tanto que contar de ella, de su larga trayectoria y su corta existencia. Vivió, amó, sintió, cantó y murió intensamente. Era la fibra misma del sentimiento. Estoy segura de que allá “en el azul del cielo”, con su trago en mano y su cigarrillo, sonreirá de lo que hagamos en su memoria y estará eternamente agradecida de que, eternamente, viva en la memoria colectiva de su pueblo. Sylvia murió viviendo…por eso vive en cada una de sus melodías.